Post etiquetado ‘justificación’

19 marzo 2012

ORDO SALUTIS Parte II: JUSTIFICACION

En esta entrada, hablaba del Orden de la Salvación (Ordo Salutis en Latín) y nos habían quedado pendientes las 4 últimas fases o hitos por decirlo de algún modo:

- Justificación

- Adopción

- Santificación

- Glorificación

Como estos hitos coinciden con los siguientes artículos de la Confesión de Fe Bautista de 1689 que hemos estado revisando, los pondré a continuación, uno en cada entrada de forma sucesiva. De esta manera se podrán estudiar junto a sus respectivos pasajes bíblicos.

CAPÍTULO  XI: Justificación

1. A quienes Dios llama eficazmente, también justifica gratuitamente (1), no infundiendo justicia en ellos sino perdonándoles sus pecados, y contando y aceptando sus personas como justas (2); no por nada obrado en ellos o hecho por ellos, sino solamente por causa de Cristo (3); no imputándoles la fe misma, ni la acción de creer, ni ninguna otra obediencia evangélica como justicia; sino imputándoles la obediencia activa de Cristo a toda la ley y su obediencia pasiva en su muerte para la completa y única justicia de ellos por la fe, la cual tienen no de sí mismos; es don de Dios (4).

1. Romanos 3:24; 8:30.

2. Romanos 4:5-8; Efesios 1:7.

3. 1 Corintios 1:30,31; Romanos 5:17-19.

4. Filipenses 3:9; Efesios 2:7,8; 2 Corintios 5:19-21; Tito 3:5,7; Romanos 3:22-28; Jeremías 23:6; Hechos 13:38,39.

 

2. La fe que así recibe a Cristo y descansa en Él y en su justicia es el único instrumento de la justificación (1); sin embargo, no está sola en la persona justificada, sino que siempre va acompañada por todas las demás virtudes salvadoras, y no es una fe muerta sino que obra por el amor (2)

1.  Romanos 1:17; 3:27-31; Filipenses 3:9; Gálatas 3:5.

2.  Gálatas 5:6; Santiago 2:17,22,26

 

3. Cristo, por su obediencia y muerte, saldó totalmente la deuda de todos aquellos que son justificados; y por el sacrificio de sí mismo en la sangre de su cruz, sufriendo en el lugar de ellos el castigo que merecían, hizo una satisfacción adecuada, real y completa a la justicia de Dios en favor de ellos (1); sin embargo, por cuanto Cristo fue dado por el Padre para ellos (2), y su obediencia y satisfacción fueron aceptadas en lugar de las de ellos (3), y ambas gratuitamente y no por nada en ellos, su justificación es solamente de pura gracia (4), a fin de que tanto la precisa justicia como la rica gracia de Dios fueran glorificadas en la justificación de los pecadores (5).

1. Romanos 5:8-10,19; 1 Timoteo 2:5,6; Hebreos 10:10,14; Isaías 53:4-6,10-12.

2. Romanos 8:32.

3. 2 Corintios 5:21; Mateo 3:17; Efesios 5:2.

4. Romanos 3:24; Efesios 1:7.

5. Romanos 3:26; Efesios 2:7.

 

4. Desde la eternidad, Dios decretó justificar a todos los elegidos (1); y en el cumplimiento del tiempo, Cristo murió por los pecados de ellos, y resucitó para su justificación (2); sin embargo, no son justificados personalmente hasta que, a su debido tiempo, Cristo les es realmente aplicado por el Espíritu Santo (3).

1. 1 Pedro 1:2,19,20; Gálatas 3:8; Romanos 8:30.

2. Romanos 4:25; Gálatas 4:4; 1 Timoteo 2:6.

3. Colosenses 1:21,22; Tito 3:4-7; Gálatas 2:16; Efesios 2:1-3.

 

5. Dios continúa perdonando los pecados de aquellos que son justificados (1), y aunque ellos nunca pueden caer del estado de justificación (2), sin embargo pueden, por sus pecados, caer en el desagrado paternal de Dios; y, en esa condición, no suelen tener la luz de su rostro restaurada  sobre ellos, hasta que se humillen, confiesen sus pecados, pidan perdón y renueven su fe y arrepentimiento (3).

1. Mateo 6:12; 1 Juan 1:7–2:2; Juan 13:3-11.

2. Lucas 22:32; Juan 10:28; Hebreos 10:14.

3. Salmos 32:5; 51:7-12; Mateo 26:75; Lucas 1:20.

 

6. La justificación de los creyentes bajo el Antiguo Testamento fue, en todos estos sentidos, una y la misma que la justificación de los creyentes bajo el Nuevo Testamento (1).

1.  Gálatas 3:9; Romanos 4:22-24.

11 mayo 2009

“Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad”

“No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad”

Mateo 7: 21-23

Hace un par de días hemos estado enfrascados entretenidamente en un debate con un grupo de hermanos acerca del tema de Ley de Dios dada a Moisés en el Sinaí v/s la Ley de Dios revelada por Cristo en el sermón del monte. Este debate comenzó en el blog Sujetos a la Roca de nuestro hermano en Cristo Eduardo Flores.

En vista de las muchas interpretaciones – o mas bien confusiones – que tenemos cada uno, consideré como algo provechoso aclarar las ideas en esta entrada, remitiéndonos estrictamente a los pasajes bíblicos que apoyan nuestra interpretación. Con esto no digo que existan muchas interpretaciones, sino, que a riesgo de parecer orgullosos o absolutistas, es necesario exponer que sólo existe una interpretación correcta, y es la que precisamente defendemos. ¿Cómo podemos asegurar esto? Primero, porque el Espíritu Santo que mora en nosotros da testimonio que lo que decimos es Verdad y segundo, porque existe una larga línea de hombres y mujeres que han venido enseñando las mismas cosas desde la fundación de la Iglesia o Cuerpo de Cristo, sólo que a veces no hemos querido indagar en esos antiguos escritos, porque nos da flojera. Es mas entretenido leer a Joel Osteen, Rick Warren o Dante Gebel, antes que leer a un añejo Agustín de Hipona, a un estricto Calvino o a un soñador Bunyan (sus adjetivos peyorativos son los que nuestros adversarios les adjudicarían).

Vayamos por parte entonces.

1. Vamos a aclarar primero el tema de la salvación. El perdón total y absoluto de nuestros pecados y la entrada al reino de los Cielos o reino de Dios, sucede cuando hemos sido JUSTIFICADOS. Pero la Justificación nuestra sucede en la cruz del calvario (por favor leer 2 Corintios 5:21). La cruz del calvario no es un suceso inmediato en la vida de una persona que ha escuchado el evangelio. John Bunyan lo expresa muy bien, antes de llegar a la cruz, tuvo que primero cruzar la puerta estrecha. Entrar al camino por la puerta estrecha es la única forma lícita que el Padre ha dispuesto para encontrar la cruz de Cristo. Y no todos los caminos llevan a “Roma”, sólo un camino lleva a la cruz, el camino angosto.

Bien, Jesús en su ministerio tuvo un gran objetivo, en el que convergían todos los demás, este era el de mostrar el camino hacia la cruz, el camino a seguir para conseguir el perdón absoluto, la remisión total de todos los pecados y el derecho de ser llamados Hijos de Dios mediante la adopción de éstos en la familia divina. Uno de los requisitos para encontrar la puerta angosta, es creer y atesorar la Ley de Dios en nuestros corazones. Amarla y desearla mas que todo el oro del mundo.

2. Pero nos encontramos con un problema aquí; los antiguos (antes de Cristo) no pudieron encontrar la paz para el alma y el perdón de sus pecados observando la Ley de Dios dada a Moisés, y muchos de ellos no lo alcanzaban porque no entendían el proceso de la cruz, no entendían que despojandose de todo lo que eran para acercarse a Dios como niños recien destetados, era la forma por la cual podian ser Justificados. Algunos, por el soberano propósito de Dios, sí lo entendieron y fueron muy perseguidos y desdichados, porque hacer la voluntad de Dios y tener la mente de Cristo es algo que a simple vista es muy digno de honor, pero en la práctica genera mas envidias y aborrecimientos que cualquier otra profesión en la tierra. Por lo tanto, la gran mayoría del pueblo judío encontraban una forma hipócrita para congraciarse con Dios, colando el mosquito, pero tragándose el camello (Mateo 23:24).

3. La Ley de Dios REVELADA en Cristo Jesús, mostraba que en realidad los estándares de Dios son mas elevados que los preceptos de los hombres. Los fariseos habían llegado a convertirse en las autoridades supremas a la hora de interpretar una Ley dada por Dios. Pero sus interpretaciones no hacían otra cosa que enviar mas incautos al infierno, porque ponían una carga pesada en sus hombros, que ninguno de sus antepasados pudo sobrellevar con éxito (Mateo 23:4). Esta carga pesada y esta infinidad de preceptos humanos es lo que Cristo abolió en la cruz del calvario. Cristo vino a revelarnos la CRUZ. Pero Cristo no vino a abolir la Ley de Dios, sino a confirmarla.

4. Esto nos lleva al siguiente punto. En Colosenses 2:14 Pablo nos dice que Cristo anuló el acta de decretos que había en contra nuestra, clavándola en la cruz. Muchos han interpretado este pasaje alegando que Cristo clavó en a cruz la Ley de Dios dada en el monte Sinaí. Lo que Cristo clavó en la cruz el calvario fue el acta de decretos o cargos (en lenguaje de un juicio criminal) que estaban en contra nuestra, es decir, nuestra cantidad de pecados, de injurias, de blasfemias, de aborrecimiento a Dios. Todos los cargos por los cuales Dios justamente tendria todo el derecho de enviarnos al infierno. Ese listado de cargos criminales en contra del Supremo Gobernante, fue lo que Cristo clavó en la cruz. Pero nótese, lo clavó en la CRUZ, no en la puerta estrecha, ni en el camino angosto, ni en el prado donde multiplicó los panes y los peces. Los clavó en la cruz, en la muerte total y absoluta de nuestro yo, de nuestra voluntad, de nuestras opiniones, de nuestras justicias, de nuestro engañoso corazón.

Lo que Cristo vino a revelarnos es que somos JUSTIFICADOS delante del Padre en la cruz del calvario, en la negación absoluta de nuestro ser.

5. Una vez perdonados, somos REGENERADOS. Dios nos da un corazón de carne. ¿Para qué? Para vivir de acuerdo a los parámetros de Dios, es decir, de acuerdo a Su Ley. La Ley de Dios entregada a Moisés estaba velada pero teniendo un corazón de carne, esta Ley se revela en Cristo. ¿Es una  nueva Ley de Cristo? La respuesta es No, es la misma Ley de Dios, revelada y ahora en condiciones de ser cumplida de la forma que Dios exige.

Y les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos; y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne,  para que anden en mis ordenanzas, y guarden mis decretos y los cumplan, y me sean por pueblo, y yo sea a ellos por Dios

Ezequiel 11:19-20

6. Nos queda aún un punto que aclarar. ¿Podremos en esta vida y con este cuerpo mortal cumplir TODAS las ordenanzas de Dios sin fallar nunca? La respuesta es NO. En 1 Juan 1:10 leemos que el que dice que no tiene pecado miente y hace a Dios mentiroso, pero la gracia de Dios se revela en que nuestro sumo sacerdote de la orden de Melquisedec (es decir un sumo sacerdocio perfecto, justo y eterno) – quien es Jesucristo – nos defiende ante el Padre para que podamos ser aceptados continuamente en el lugar santísimo. Somos revestidos de la Justicia Perfecta de Cristo, porque estamos revestidos de su sangre que fue derramada en la cruz del calvario. ¿Dónde fue derramada la sangre de Cristo que nos Justifica? En la CRUZ.

Para el contexto judío la cruz significaba sólo una cosa, MUERTE. Y no cualquier muerte, sino la mas vergonzosa, cruel y maldita muerte. Este el tipo de muerte que tenemos que tener SIEMPRE presente en nuestro peregrinaje por este mundo de placeres y de vanidad.

7. Por último, queda defender las palabras de Jesús: “Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad”. En el evangelio de Mateo, capítulo 7 versículo 23, se encuentra uno de los textos más terroríficos de toda la Biblia. Algunos profesantes cristianos irán en su peregrinaje felices de la vida, hasta llegar a las puertas del cielo y encontrarse con el Juez Supremo, el que rige  a las naciones con vara de hierro, y le escuchará decir: Nunca te conocí, porque viviste Sin Ley.

En el texto original la frase “hacedores de maldad” o  “los que practican la iniquidad”,  literalmente significa “los que viven sin Ley”. La palabra en griego utilizada allí es anomia (a= sin, nomia= ley) o “sin Ley”.

Jesús les va a decir que el no conoce a ninguno que llamándose hermano o creyente, viva de acuerdo a sus propias creencias, y no se ajuste a la verdad absoluta y radical de Dios, plasmada en Su perfecta, buena y santísima Ley.

Que la Gracia y la Paz abunde en nuestros corazones para decir al igual que David:

Con todo mi corazón te he buscado; no dejes que me desvíe de tus mandamientos. En mi corazón he atesorado tu palabra, para no pecar contra ti. Bendito tú, oh SEÑOR; enséñame tus estatutos. Salmo 119:10-12

—————————————————————–

(Se recomienda leer y meditar el Salmo 119 y el Salmo 1 completo)

18 abril 2009

¿La gente “buena” va al cielo?

Nota: El video tiene tintes de arminianismo al final, aunque no necesariamente. Lo subí de todos modos porque el mensaje me pareció interesante, encontré que la forma de defender la Justicia de Dios es simple y concreta. ¡Para los que recién se acercan al conocimiento infinito de Dios!

“Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo” Hechos 16:31

16 abril 2009

Doctrinas Bíblicas: LA JUSTIFICACIÓN

decreto-legal Muchos libros se han escrito acerca de esta enseñanza o doctrina. Yo no tengo la intención de formular un tratado completo acerca del alcance y profundidad de la justificación qe Dios como Juez Supremo, efectúa en los impíos (Romanos 5:6).

Solamente quiero detenerme a pensar en lo siguiente: La Biblia señala que la justificación es dada por Gracia (Romanos 3:24). También postula que somos justificados por la sangre de Cristo (Romanos 5:9). Por último en Romanos 5:1 se nos dice que somos justificados por la fe.

Una persona atea inmediatamente alegará que la Biblia falla porque se contradice. “Fue escrita por humanos, por lo tanto no puede ser infalible”.

Teniendo esto en consideración quiero hacer una defensa o apología Bíblica respecto de la doctrina de la justificación. C.S Sproul, en su libro “Escogidos por Dios”, señala que la Biblia presenta paradojas, no contradicciones. Una paradoja es una contradicción aparente, pero en su sentido mas profundo no lo es. En la búsqueda de la verdad, vamos a encontrarnos con montones de paradojas que se revelarán a medida que nos vamos adentrando en el conocimiento de Dios.

En primer lugar, debemos tener en cuenta que El Único que es capaz de abrir el sello de la Escritura Bíblica es Cristo. La Palabra de Dios contiene la sabiduría más excelsa y suprema, que puede ser comprendida sólo por aquellos que son como niños (Lucas 10:21-22).

La segunda consideración dice relación con el acercamiento al estudio de las Escrituras con un corazón dispuesto a ser enseñado (1 Corintios 8:2-3).

En tercer y último lugar, debemos comprender que la Biblia en su conjunto nos entrega la verdad, no una de tantas verdades, sino la única verdad.

Teniendo presente estas ideas podemos comenzar a escudriñar estos tres pasajes para entender a qué se refería el apóstol Pablo cuando enseñaba acerca del instrumento mediante el cual se efectuaba la justificación.

“Una completa exposición de la doctrina de la justificación requiere que cada una de estas expresiones sea interpretada en su sentido escritural, y que sean combinadas en sus verdaderas relaciones para formar un conjunto armonioso…Se debe dar el valor debido a cada una, pero ninguna debe ser entendida en una forma que su fuerza anule a las de las otras” (A.W. Pink, “La doctrina de la Justificación, pag. 77).

1. Justificados por fe (Romanos 3:22, 28; Gálatas 2:16). Hay personas que consideran que la fe misma, en sí misma, es la que nos hace justos delante de Dios, considerando El (Dios) a la fe como justicia. Al decir esto ponemos al don o regalo por encima del Fiador Legal de nuestra justicia, esto es, por encima de Cristo, y por encima además del Juez Supremo que es Dios. Darby, el padre de la hermandad Plymouth, comenta: “Esta fue la fe de Abraham. El creyó  la promesa de que seria el padre de muchas naciones, porque Dios lo dijo, confiando en el poder de Dios, glorificando así, sin poner en duda al mirar las circunstancias, nada de lo que El le había dicho, por lo tanto esto le fue contado por justicia” (Synopsis, vol. 4 Pag. 133)

Según la confesión de fe de Westminster, la fe es solamente como un instrumento de justicia por el cual el recibe y se apropia de Cristo y su justicia. Es mas seguro hablar de la fe como “el instrumento” antes que como la “condición”, porque una condición es generalmente usada para significar que por causa de esa condición se concede un beneficio. La fe no es ni la base ni la sustancia de nuestra justificación, sino simplemente la mano que recibe el regalo divino que se nos ofrece en el Evangelio (A.W. Pink).

Si la justicia fuera dada como un premio por la fe, su poseedor tendría motivo para jactarse. “Dios justifica, no por imputar la fe en sí o el acto de creer, sino por imputar la obediencia y la satisfacción de Cristo” (catecismo de Westminster).

Lo que se nos cuenta por justicia es la “obediencia vicaria (en nuestro lugar) de Cristo, no nuestra “fe en Cristo”.

Génesis 15:5, “Y creyó él a Jehová, y contóselo por justicia”. Pregunta: ¿Fué la fe de Abraham en sí misma la que fue tomada en cuenta por Dios como justicis, o, fue la justicia de Dios en Cristo de la cual la fe de Abraham anticipadamente se apropió?

Pink explica en este punto que la fe de Abraham fue la renunciación a toda virtud y fuerza en él, y una dependencia con la confianza de un niño en Dios, por lo que El era capaz y estaba gustoso de hacer. Lejos estaba Dios de aceptar su fe, en lugar de una perfecta obediencia a Su Ley.

La Biblia no dice que en la fe está la justicia, mas bien, en el libro del profeta Isaías, capítulo 45, versículo 24 se lee “En Jehová está la justicia y la fuerza”.

En resumen diremos que la fe justifica sólo como un instrumento que Dios ha establecido para la obtención y la aplicación de la justicia de Cristo, es decir, el instrumento por medio del cual recibimos a Cristo. Somos justificados por medio (griego eis) de la fe y no por la fe. La eficacia de la justificación esta en la Sangre de Cristo; la recepción de ella está en nuestra fe (S. Charnock).

2. Justificados por Gracia (Romanos 3:24). Respecto del papel de la Gracia en todo este asunto, podemos decir que la fe nos es dada como un regalo inmerecido. Nada hay en nosotros que motivara a Cristo a expiar voluntariamente nuestra maldad, ofreciéndose como sustituto por nosotros (2 Corintios 5:21), cargando nuestros pecados. “Por lo tanto es por la fe, para que sea por Gracia” Romanos 4:16.

La relación entre la gracia, la fe y la sangre de Cristo en la justificación del impío, es como sigue:

a) Nadie merece la vida, todos merecemos la muerte. Pero Dios nos ha dado Gracia al acercarse a nosotros para darnos Su Justicia por medio del sacrificio vicario de Cristo. De tal manera amó Dios al mundo que ha dado a Su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga Vida Eterna (Juan 3:16). En ese amor por los pecadores y enemigos suyos, encontramos la Gracia que nos lleva a la paz de nuestra alma, mediante la reocnciliación con Dios. Reconciliación que nace en Él y no en nosotros.

b) Inmerecidamente (por Gracia) nos ha dado el don de la fe (posibilidad de creer el mensaje de Cristo), para creer y recibir Su Justicia. Al recibir la justicia por medio de la fe, recibimos todos los beneficios adquiridos por Cristo para nosotros. En otra entrada hablaré de estos beneficios.

c) Cristo fue el único hombre verdaderamente justo (experiencialmente) que ha pisado la tierra. Al morir como sacrificio y ofrenda por nuestros pecados, consiguió expiar los mismos y traspasar Su Justicia a nosotros (muerte vicaria), pero sólo como decreto legal. Esta Justicia imputada es en términos legales y no experiencial. La Sangre de Cristo derramada contenía su vida entera. Su sangre fue ofrecida como ofrenda al Padre y el Padre satisfizo Su Justicia aceptando la ofrenda, considerándola agradable. Al contrario de lo que piensan los Católicos, nosotros no creemos que realmente seamos justos, tal como lo fue Cristo en la tierra, sino mas bien que, como decreto legal, nuestra culpa fue quitada y la sentencia de muerte fue abolida (Colosenses 2:13-14). Y no sólo quedamos en estado neutral de no culpa, sino además la Justicia trae un beneficio positivo, nos da libre acceso al lugar santísimo y a la Vida Eterna.

Bendito sea el Señor de la Gloria, eternamente y para siempre. Amén.

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 133 seguidores