Continuamos en esta serie del Orden de la Salvación. Vamos a revisar en esta entrada cómo es que Dios nos hace miembros de su familia.
Una vez que somos justificados delante del Padre – es decir, hechos justos para poder presentarnos delante de un Dios santo – podemos estar seguros que ahora tenemos nueva ciudadanía y un nuevo Padre, el mismo Padre de Jesucristo es ahora nuestro padre, es decir, el Dios de Israel, el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, también es ahora nuestro Padre, mediante la obra redentora y sacrificial de Cristo.
Ya que tenemos esta nueva familia, podemos estar seguros en que nuestro Padre suplirá todo lo necesario para vivir esta nueva vida de santidad.
No será un Padre malcriador, no nos dará todo lo que deseemos pero sí todo lo que necesitemos; aun cuando ni siquiera nosotros sepamos cuales son nuestras verdaderas necesidades en esta nueva forma de vida.
Esta entrada también coincide con el CAPÍTULO XII de la Confesión de Fe Bautista de 1689 que hemos estado revisando. Así que dejaré que nuestros hermanos que nos antecedieron, nos expliquen con base bíblica en qué consiste esto de la adopción y cuáles son sus implicancias.
CAPÍTULO XII: LA ADOPCIÓN
1. A todos aquellos que son justificados (1), Dios se dignó (2), en su único Hijo Jesucristo y por amor de éste (3), hacerles partícipes de la gracia de la adopción, por la cual son incluidos en el número de los hijos de Dios y gozan de sus libertades y privilegios, tienen su nombre escrito sobre ellos (4), reciben el espíritu de adopción, tienen acceso al trono de la gracia con confianza, reciben capacitación para clamar: “Abba, Padre,” (5) reciben compasión, protección, provisión y corrección como por parte de un Padre, nunca son desechados, sino que son sellados para el día de la redención (6), y heredan las promesas como herederos de la salvación eterna (7).
1. Gálatas 3:24-26
2. 1 Juan 3:1-3
3. Efesios 1:5; Gálatas4:4,5; Romanos 8:17,29.
4. Romanos 8:17; Juan 1:12; 2 Corintios 6:18; Apocalipsis 3:12.
5. Romanos 8:15; Efesios 3:12; Romanos 5:2; Gálatas 4:6; Efesios 2:18.
6. Salmos 103:13; Proverbios 14:26; Mateo 6:30,32; 1 Pedro 5:7; Hebreos 12:6; Isaías 54:8,9; Lamentaciones 3:31; Efesios 4:30.
7. Romanos 8:17; Hebreos 1:14; 9:15.

1. La distancia que media entre Dios y la criatura es tan grande, que aun cuando las criaturas racionales le deben obediencia como a su creador, sin embargo, ellas no podrán nunca llegar a vida espiritual, si no es por alguna condescendencia voluntaria de parte de Dios, habiéndole placido a éste expresarla por medio de un pacto.(1)