El mensaje a Sardis
1 Escribe al ángel de la iglesia en Sardis: El que tiene los siete espíritus de Dios, y las siete estrellas, dice esto:
Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, y estás muerto.
2 Sé vigilante, y afirma las otras cosas que están para morir; porque no he hallado tus obras perfectas delante de Dios.
3 Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído; y guárdalo, y arrepiéntete. Pues si no velas, vendré sobre ti como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti.
4 Pero tienes unas pocas personas en Sardis que no han manchado sus vestiduras; y andarán conmigo en vestiduras blancas, porque son dignas.
5 El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles.
6 El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.
Apocalipsis 3:1-6 RV60
Sardes, en otros idiomas Sardis, fue una antigua ciudad de Asia Menor fundada por el rey lidio Gyges (680-644) como capital del antiguo reino de Lidia. Se corresponde con la actual Sart, en la provincia turca de Manisa, sobre la ladera septentrional del monte Tmolos (actual Boz Dag), en el valle medio del río Pactolo (actual Gediz), que desemboca en el Mar Egeo.
Es una de las Siete Iglesias de Asia menor en el libro del Apocalipsis.
Según las Escrituras Biblicas, la iglesia en Sardes estaba muerta, aun que tenia nombre de que vivía, esto aplicado segun los protestantes y dispensacionalistas al estado espiritual de los integrantes de esas comunidades cristianas, ya que el estar muerto biblicamente significa “estar o vivir en pecado”. Sardis como sabemos significa “los escapados” o “sobrevivientes”, lo que nos da una idea de cual es el significado del mensaje de Jesucristo para esa iglesia.
Las ruinas de Sardes
El recuerdo del nombre antiguo no se perdió nunca: sus ruinas fueron identificadas por Ciríaco de Ancona en 1426. Cuando durante la primera mitad del siglo XVII fue descrita por el explorador y viajero francés Jean-Baptiste Tavernier aún estaban en pie, coronadas por el arquitrabe, seis columnas del gran templo de Atenea.
(fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Sardes)
En el mundo en que vivimos, suele suceder – y esto es casi regla general – que las cosas que uno aparenta ver como buenas y exitosas, en la realidad no es mas que puro cuento.
El pastor con elevados anhelos de grandeza, nos hace creer que su ministerio es exitoso, aun cuando su vida interior sea un desastre. Algunos tienen una vida apartada del Señor, por lo que se esfuerzan en llevar sus esfuerzos evangelísticos a tal nivel, que terminan descuidando su matrimonio y su familia.
Aquel que se regodea porque tienen muchos seguidores en las redes sociales, sinceramente, creo que deberíamos poner en duda la calidad de su vida interna con el Señor. No seamos simples, no seamos necios; abramos los ojos y miremos las cosas desde el punto de vista celestial. No dejemos que las estadísticas nos evalúen, sino sólo Dios, allí en la intimidad, cuando cerramos la puerta y nos arrodillamos delante de Él.
Muchas veces las “verdades” de este mundo nos envuelven y permitimos que nos vayan modelando, cuando debiéramos ser modelados por la Palabra de Dios.
¿Has notado que mientras mas te acercas a Dios, el mundo se te vuelve en contra? ¿Has notado que cuando te decides a hacer la voluntad de Dios vas perdiendo amigos y ya no eres tan popular como antes? ¿No te gusta esa sensación? ¿No estas dispuesto a dejar todo eso atrás sólo para conocer mejor a tu Dios?
Esas cosas le sucedieron al pastor de la iglesia que estaba en Sardis.
El mensaje parece indicar una iglesia moralmente muerta. Resulta interesante que una iglesia muerta no sea la que no canta con entusiasmo; la definición se corresponde con indignidad (v.4). La iglesia de Sardis estaba muerta en sentido general porque la mayoría de los miembros de ella no vivían correctamente la vida cristiana (v.3), y por eso se le pide que se arrepienta. En la peor iglesia siempre hay un remanente fiel (v.4); el señor conoce esas personas y las declara dignas porque no participan del mal modo de vida de la mayoría de sus hermanos. El que venciere, quiere decir el que no se contamine moralmente. La santidad es un triunfo.
El concepto de iglesia avivada actual es un criterio social. “Tienes nombre de que vives” (v.1), es una opinión externa acerca de la iglesia, quizá de otras iglesias que la consideran una iglesia viva por el volumen de membresía, sin embargo a los ojos del Señor es una congregación muerta; y más importante que una reputación social, es el criterio del Señor. (“Apocalipsis …”, Humberto Pérez. Pág. 67,68)
Es importante tener esto en cuenta: Los estándares de evaluación del mundo son totalmente opuestos a los estándares de evaluación de Dios. No sigamos la corriente de este mundo, no permitas que te engañe su falsa manera de vivir. Tal como en una obra de teatro, las personas usan la careta o la máscara que mas le acomode para enfrentar determinadas situaciones. Aléjate lo mas posible del mal, acércate a tu Creador y a tu Salvador. Ama la santidad, aborrece a todo el que no la practica, no te juntes con ellos ni desees sus placeres.
Crecer en número delante del Señor no es lo primero sino vivir en santidad. La santidad es algo que hay que vigilar (vv.2,3), no actuando como policías que investigan la vida privada de los hermanos y hermanas, sino poniendo frente a ellos continuamente la oportunidad del arrepentimiento y enseñando santidad que en las palabras del Señor se dice como “que guarden todas las cosas que os he enseñado”. El silencio en la profecía acerca de lo que es pecado es un crimen atroz. (“Apocalipsis …”, Humberto Pérez. Pág. 69).

He encontrado un excelente consejo de