El libro de Apocalipsis o Revelación de Jesucristo, es uno de los libros de la Biblia más complicados de entender. La confusión (recuerden a Babilonia, que significa confusión) que se presenta al interpretar este libro que narra las visiones del apóstol Juan, se produce por el débil conocimiento que tenemos de CristoJesús y de Dios Padre.
Algunos hermanos dispensacionalistas, que incluso comparten doctrinas fundamentales como es la doctrina reformada, han pasado por alto un hecho que salta a la vista en cuánto abrimos este libro; su título: La Revelación de Jesucristo, en griego Apocalipsis.
Veamos Apocalipsis 1:1
“La revelación de Jesucristo, que Dios le dió, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan”.
La frase “para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”, la han utilizado para confirmar que se trata de un libro profético de eventos futuristas.
Es claro que Jesús anunció a sus discípulos lo que ocurriría en el final de los tiempos, pero ese hecho no nos permite decir que los evangelios son libros escatológicos, sin embargo, contienen una porción de eventos futuros. Lo mismo sucede con el libro de Apocalipsis.
Por otra parte ponen atención en “las cosas que deben suceder pronto” y no en la frase “la revelación de Jesucristo”.
Recordemos que Jesús cuando ascendió al cielo, llevaba un cuerpo glorificado. Por esta razón, tanto el apóstol Pablo como Juan, tuvieron visiones glorificadas del Señor, y ya no les estaba hablando cosas terrenales en parábolas que no pudiesen entender, sino que ahora les estaba mostrando asuntos celestiales, ya que ellos mismos ahora eran ciudadanos del cielo.
Cuando Nicodemo fue a visitar a Jesús de noche, reconoció que Jesús venia de Dios por las señales, ya que los Judíos siempre han pedido señales, como mas tarde reconocería el apóstol Pablo.
Pero Jesús da un giro a la conversación, y el maestro de la Ley, Nicodemo, no entendió ni una sola palabra. A esto Jesús respondió que si no entendían los asuntos terrenales, menos iban a entender los asuntos celestiales.
Así mismo nos pasa a nosotros, podemos ser versados en las Escrituras, pero para entender las cosas celestiales, hace falta algo más, hace falta ser ciudadano del cielo.
Ya que he enmarcado mi defensa acerca del pasaje en cuestión, paso a señalar lo que dice el libro del profeta Miqueas (sí, existe en la Biblia ese libro). En el capítulo 5 leemos:
5:2 Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad.
5:3 Pero los dejará hasta el tiempo que dé a luz la que ha de dar a luz; y el resto de sus hermanos se volverá con los hijos de Israel.
5:4 Y él estará, y apacentará con poder de Jehová, con grandeza del nombre de Jehová su Dios; y morarán seguros, porque ahora será engrandecido hasta los fines de la tierra.
5:5 Y éste será nuestra paz. Cuando el asirio viniere a nuestra tierra, y cuando hollare nuestros palacios, entonces levantaremos contra él siete pastores, y ocho hombres principales;
5:6 y devastarán la tierra de Asiria a espada, y con sus espadas la tierra de Nimrod; y nos librará del asirio, cuando viniere contra nuestra tierra y hollare nuestros confines.
5:7 El remanente de Jacob será en medio de muchos pueblos como el rocío de Jehová, como las lluvias sobre la hierba, las cuales no esperan a varón, ni aguardan a hijos de hombres.
5:8 Asimismo el remanente de Jacob será entre las naciones, en medio de muchos pueblos, como el león entre las bestias de la selva, como el cachorro del león entre las manadas de las ovejas, el cual si pasare, y hollare, y arrebatare, no hay quien escape.
5:9 Tu mano se alzará sobre tus enemigos, y todos tus adversarios serán destruidos.
5:10 Acontecerá en aquel día, dice Jehová, que haré matar tus caballos de en medio de ti, y haré destruir tus carros.
5:11 Haré también destruir las ciudades de tu tierra, y arruinaré todas tus fortalezas.
5:12 Asimismo destruiré de tu mano las hechicerías, y no se hallarán en ti agoreros.
5:13 Y haré destruir tus esculturas y tus imágenes de en medio de ti, y nunca más te inclinarás a la obra de tus manos.
5:14 Arrancaré tus imágenes de Asera de en medio de ti, y destruiré tus ciudades;
5:15 y con ira y con furor haré venganza en las naciones que no obedecieron.
Por favor, fijense en el versículo 2, no es semejante a los dicho en apocalipsis 13:8 “El cordero que fue inmolado desde el principio del mundo”. ¿No es acaso la representación de los asuntos en el tabernáculo dado a Moisés, una muestra de lo que verdaderamente acontecía en el cielo?
En el versículo 3 dice que el Señor los dejará hasta que que la que va a dar a luz, dé a luz. Jesús les dijo a sus discípulos que el se iba a ir, pero no los iba a dejar huérfanos, volvería y podria estar no tan sólo con ellos sino con todo Su Pueblo (“y el resto de sus hermanos se volverá con los hijos de Israel”).
Del versículo 7 al 14, el Señor describe lo que hará con nosotros, Su Pueblo; nos llevará a la cruz y nos quitará todas nuestras idolatrías, nos hará entender que la Salvación no es posible por nuestras propias fuerzas.
Este el reino de Dios, que rige con vara de hierro. Nos vengará de nuestros enemigos, que son los enemigos de Jehová y lo hará con ira y furor.
Si volvemos a Apocalipsis 12, podremos comprender un poco mejor quién es esta misteriosa mujer que da a luz; es la Palabra de Dios que abre los ojos a los ciegos, aquella mujer que engendró a 3000 personas en la primera predicación del evangelio, cuandio hubo una señal visible de la Palabra de Dios, a saber, las lenguas de fuego que descendieron para proveer de poder a los primeros evangelistas y fundadores de la doctrina cristiana.
La Iglesia, es la depositaria de esta Palabra o Verbo Divino, la Palabra de Dios, quién creó un Pueblo para alabanza de Su Gloria. Leamos el Capítulo 12:
1 Apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas.
2 Y estando encinta, clamaba con dolores de parto, en la angustia del alumbramiento.
3 También apareció otra señal en el cielo: he aquí un gran dragón escarlata, que tenía siete cabezas y diez cuernos, y en sus cabezas siete diademas;
4 y su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo, y las arrojó sobre la tierra. Y el dragón se paró frente a la mujer que estaba para dar a luz, a fin de devorar a su hijo tan pronto como naciese.
5 Y ella dio a luz un hijo varón, que regirá con vara de hierro a todas las naciones; y su hijo fue arrebatado para Dios y para su trono.
6 Y la mujer huyó al desierto, donde tiene lugar preparado por Dios, para que allí la sustenten por mil doscientos sesenta días.
7 Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles;
8 pero no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo.
9 Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él.
10 Entonces oí una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche.
11 Y ellos le han vencido por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte.
12 Por lo cual alegraos, cielos, y los que moráis en ellos. ¡Ay de los moradores de la tierra y del mar! porque el diablo ha descendido a vosotros con gran ira, sabiendo que tiene poco tiempo.
13 Y cuando vio el dragón que había sido arrojado a la tierra, persiguió a la mujer que había dado a luz al hijo varón.
14 Y se le dieron a la mujer las dos alas de la gran águila, para que volase de delante de la serpiente al desierto, a su lugar, donde es sustentada por un tiempo, y tiempos, y la mitad de un tiempo.
15 Y la serpiente arrojó de su boca, tras la mujer, agua como un río, para que fuese arrastrada por el río.
16 Pero la tierra ayudó a la mujer, pues la tierra abrió su boca y tragó el río que el dragón había echado de su boca.
17 Entonces el dragón se llenó de ira contra la mujer; y se fue a hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo.
En Miqueas 5: 5-9, aparece la constante lucha que tendremos (y que tenemos) con este dragón que hace la guerra a los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo.
Conclusión:
Para los hipercalvinistas el asunto de la predicación no tiene mucho sentido, pero para nosotros tiene una importancia fundamental, es la manera en la que Dios dispuso para engendrar a sus escogidos.
Confiemos en la providencia y cuidados de Dios para con nosotros ya que el Dragón ha descendido con furia, pero de ninguna manera prevalecerá porque la promesa de Dios descrita en el profeta Miqueas es clara: “Tu mano se alzará sobre tus enemigos, y todos tus adversarios serán destruidos”.
En futuras entradas revisaremos otros detalles de este capítulo.