Mensajes a las siete iglesias: El mensaje a Efeso
Escribe al ángel de la iglesia en Efeso: El que tiene las siete estrellas en su diestra, el que anda en medio de los siete candeleros de oro, dice esto: Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado. Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor. Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido. Pero tienes esto, que aborreces las obras de los nicolaítas, las cuales yo también aborrezco. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios.
El apóstol Pablo fundó una iglesia de Cristo en Éfeso, a la que unos años mas tarde le envió la epístola que está incluida en el canon bíblica llamada “Carta a los Efesios”.
Pero no sólo Pablo tuvo algunas cosas que decirles a los Efesios en su epístola, sino que además, en esta visión del apóstol Juan, Jesús también les envió un mensaje; a la iglesia y a su pastor.
Este mensaje tenía algo de dulce y agraz: los elogiaba por su buen testimonio moral, y por su incansable lucha, pero además les llamaba la atención con una advertencia; si no se arrepentían dejarían de brillar como testigos de Jesucristo.
¿Qué era lo tan terrible que le ocurría a la iglesia que estaba en Éfeso como para recibir semejante advertencia?
Pues, que habían perdido su primer amor.
He escuchado a muchas personas dentro de las congregaciones cristianas acuñar esta frase como si fuera algo inevitable en la vida del cristiano, o mas bien, como algo que debe suceder una vez que uno avanza en la madurez cristiana: Fulano dejó de hacer las “locuras” de antes porque perdió su primer amor – lo dicen en tono resignado como si ellos mismos no lo hubieran perdido también.
Mucha actividad en una iglesia no es sinónimo de conservar el primer amor. Tampoco lo es el hecho de que luchen contra los falsos apóstoles o profetas. Tampoco la perseverancia y el sufrimiento lo son. Tu puedes estar desenmascarando a los falsos maestros, puedes estar luchando sin descanso por el nombre del Señor (que no es lo mismo que “luchar sin descanso por AMOR DE SU NOMBRE”), y aún así no haberte dado cuenta de que has perdido el “primer amor”.
“La amenaza del Señor es terrible, es lo peor que le pueda pronosticar a un ministro que ha tenido una carrera exitosa, que perderá la iglesia. Ni él ni nadie hubiera podido imaginarlo”. Humberto Pérez, Apocalipsis, el libro de un desterrado.
¿Cómo podemos explicar la pérdida del primer amor? A simple vista no parece una acusación tan grave. Después de todo, ¿a quién no le ha pasado? – El Señor tendrá misericordia – dicen.
Lo cierto es que muchas iglesias están es un estado de decaimiento espiritual, no impactan a la comunidad que las rodea. Estan allí por décadas y los vecinos no tienen idea qué hace exactamente ésta “institución” allí. Y después se preguntan sus miembros: ¿Qué hacemos para hacer mas atractivo nuestro mensaje? ¿Qué actividad inventamos para atraer mas personas a nuestros cultos?
La respuesta parece ser mas simple que todas las ideas que pudieran extraerse de un comité creativo: “RECUERDA DE DÓNDE HAS CAÍDO Y ARREPIÉNTETE, Y HAZ LAS OBRAS QUE HICISTE AL PRINCIPIO” (v.5)
Nada de inventar algo nuevo. Nada de marketing al interior de una iglesia. Arrepiéntete de haber dejado de AMAR AL SEÑOR CON TODO TU CORAZÓN, y haberte vuelto cómodo en tu posición espiritual. Haz lo que hacías al principio.
¿Qué hacías al principio? Quizá mucho de lo que hacías, lo hacías por ignorancia, con mucho menos conocimiento teológico quizá, mucho mas inexperto que ahora. Pero lo hacías con verdadero AMOR POR EL NOMBRE DE CRISTO, las cosas del principio eran hechas con pasión por el Señor, quizá no con tantos recursos, pero sí con TODA EL ALMA. Después de todo eso es lo que espera el Señor. Cómo está escrito:
“Ahora, pues, Israel, ¿qué pide Jehová tu Dios de ti, sino que temas a Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que lo ames, y sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma” Deut. 10:12
En las palabras del pastor Humberto Pérez:
“El siervo de Dios no es acusado de herejía ni de alguna inmoralidad, todo su problema es decaimiento espiritual, dejó de hacer las cosas cómo las hacía antes (v.5), se fue acomodando dentro de su éxito, se sentía seguro en su congregación, había triunfado y ganado un nombre, reputación, y por supuesto, seguridad económica. ¿Qué fue lo que le pasó? Perdió su visión espiritual, él y su iglesia comenzaron a hacer las cosas mecánicamente, por deber y obligación; bien hechas quizás, pero sin entusiasmo y sin el celo del principio. El ángel de la iglesia llegó a pensar que había volado suficientemente alto, que había alcanzado una altura que otros compañeros no habían logrado, se sentía satisfecho y que había llegado el momento para descansar y tomar las cosas con mas calma.” H. Pérez. Apocalipsis, el libro de un desterrado. Págs. 39-40
Dejar el primer amor tiene que ver con dejar de amar a Cristo para amarnos a nosotros mismos, enorgulleciéndonos de nuestras metas. Creernos superior moralmente a nuestros compañeros de batalla, acomodándonos en nuestros éxitos. Dejando por completo de dar crédito a la Gracia que se nos había derramado.
Y digo “había derramado” , porque para estar en un estado tan decaído espiritualmente es necesario haber caído de la Gracia, no en el sentido de haber perdido la salvación, sino que haber perdido por completo el propósito sobre para qué y para Quién estábamos trabajando.
Pareciera ser que la solución es ponerse de rodillas, suplicar de nuevo esa Gracia, tener conciencia que nuestros éxitos no son realmente nuestros. Recordar quiénes éramos cuando el Señor nos salvó. No éramos los mejores, muchos de nosotros teníamos una vida bastante destrozada, muchos éramos insensatos, no sabíamos tomar buenas decisiones, no habíamos nacido en cunas nobles. No teníamos nada por lo que sentirnos valorados. Y el Señor nos rescató cuando nadie apostaba un peso por nosotros. Cuando éramos caso perdido incluso para nuestros familiares. Allí el Señor nos rescató, nos dió vida y nos dió un sentido y un propósito para vivir: el servir a Dios con todo nuestro corazón.
Así está escrito de Israel:
“Porque tú eres pueblo santo para Jehová tu Dios; Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra.No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos; sino por cuanto Jehová os amó, y quiso guardar el juramento que juró a vuestros padres, os ha sacado Jehová con mano poderosa, y os ha rescatado de servidumbre, de la mano de Faraón rey de Egipto”. Deut. 7:6-8
Si una iglesia quiere volverse de su estado actual, debe ser contristado por la Palabra del Señor. Deben – el pastor y sus miembros – ser tocados profundamente por el Señor para arrepentirse y deben buscar ese arrepentimiento verdadero para poder gozar de la infinita Gracia que nos ofrece nuestro Salvador.
“Para ser lo que un día fuimos necesitamos la gracia de Dios, porque lo que fuimos se lo debemos a su gracia y no a nuestras actitudes naturales. Si el ángel (i.e. pastor – nota mía) llegara a pensar que leyendo libros de inspiración, y nada más, podría volver a ser lo que un día fue, estaría equivocado…
… – la frase acerca de aborrecer las obras de los nicolaítas (cursivas mías) - …es como si al Señor se le hubiera olvidado hacerle este reconocimiento. No es así. Es añadida con el propósito de levantar el ánimo deprimido que pudo haberle causado sus anteriores palabras.
Con esta declaración deja claro que el testimonio de la iglesia está moralmente limpio. Les da como un punto de apoyo para que se recuperen, y vuelvan a ser lo que en otro tiempo eran”. H. Pérez. Apocalipsis, el libro de un desterrado. Págs. 40-41


1. La distancia que media entre Dios y la criatura es tan grande, que aun cuando las criaturas racionales le deben obediencia como a su creador, sin embargo, ellas no podrán nunca llegar a vida espiritual, si no es por alguna condescendencia voluntaria de parte de Dios, habiéndole placido a éste expresarla por medio de un pacto.(1)
Muchos libros se han escrito acerca de esta enseñanza o doctrina. Yo no tengo la intención de formular un tratado completo acerca del alcance y profundidad de la justificación qe Dios como Juez Supremo, efectúa en los impíos (Romanos 5:6).