Desde hace ya un tiempo, Dios me ha estado inquietando a involucrarme en Su Reino no tan sólo en los meros asuntos eclesiásticos, sino también a poner a Su Servicio los dones y los talentos que me han sido facilitados para desarrollarme profesionalmente.
Esta área del servicio, creo la hemos descuidado bastante, ya que pareciera que nuestro alcance como cristianos sólo se limita a los cultos del día domingo (para los que cuentan con la bendición de tener una iglesia bíblica dónde congregarse), y el resto de la semana, es común escuchar lo triste que estamos, participando de la vorágine laboral a la que no vemos sometidos, dónde prevalecen las normas y preceptos de este mundo. Es la ley de la selva, el hipócrita, el estafador, el mentiroso, el irresponsable y el insensato, son los que se llevan los altos mandos en todas las organizaciones y el caos reina desde la cabeza hasta los últimos eslabones de la estructura organizacional, tanto en organismos públicos como privados.
Es nuestra oración que Dios nos conceda el despertar en todas las áreas de la vida, para que podamos tener una perspectiva tanto esperanzadora como laboriosa, en acercar el Reino de Dios a este mundo, ya que Cristo reina.
Es necesario mencionar que involucrarse en el Mayor y mas Sublime de todos los reinos de la tierra, requiere una profunda convicción bíblica respecto a la regularización de todas las áreas (2 Timoteo 3:16-17); requiere además una completa y absoluta sumisión a la Palabra de Dios (“Está escrito”, Mateo 4:1-11), y por último, el haber crucificado la carne al punto de ya no vivir mas para uno sino vivir para y en Cristo (Gálatas 2:20)
Tal como lo expresa la escritura en 2 Timoteo 3:16-17, el siervo de Dios debe haber tenido un profundo encuentro con toda la Palabra de Dios, desde Génesis hasta Apocalipsis, para estar finalmente – despues de un severo tiempo en el desierto de la aflicción y la humillación – preparado para TODA buena obra, no sólo dentro del ámbito congregacional, sino en el área mas difícil, en el campo de batalla del mundo caído.
El cristiano que aún luche con los argumentos en contra de la inerrancia, suficiencia e inspiración divina de las Escrituras, no tiene ni el 50% del avance hacia la consumación de su proceso preparatorio para las lides de este mundo. Aún no ha ansiado con ansias la leche de la Palabra como niño y no valora el documento histórico llamado Biblia, como la auténtica y eterna Palabra de Dios que sale de Su boca.

A más de algunos nos ha sucedido lo siguiente: en medio de la lectura y la meditación de la Palabra de Dios nos percatamos de que la Biblia se contradice en bastantes de sus postulados. Por ejemplo, leemos la creación, en los dos primeros capítulos de génesis y encontramos que en el primer relato Dios crea a los animales y luego al hombre y a la mujer, y en el otro capítulo crea al hombre, luego a los animales y luego a la mujer.
En el evento de la transfiguración, Moisés y Elías se reunen con Jesús. A Pedro ya se le estaban ocurriendo unas ideas bien buenas, había comenzado a detallar todo lo que podían hacer para celebrar ese momento. Pero de repente se oye una voz del cielo; era el mismísmo Dios diciendo: “Este es mi Hijo amado; a él oid” (Marcos 9:7)