“Los teólogos suelen hablar de la multiformidad de la Iglesia. En conjunto la consideran como cosa buena. Sin embargo, pocos son los que se han detenido a definir el término y esto ha llevado a la confusión. Triste es decirlo, el término multiformidad ha sido aun usado para encubrir multitud de pecados… Se ha hecho que incluya herejías. Podemos citar un ejemplo. Hay sin duda, herejías mayores que el arminianismo. El pelagianismo es mucho peor. Pero el arminianismo es error también. Que nadie diga que la diferencia entre la fe reformada y el arminianismo es meramente de énfasis, una en la soberanía de Dios, el otro en la responsabilidad del hombre, y que por lo tanto es deseable que haya tanto iglesias reformadas como arminianas. Es evidente que la responsabilidad humana es corolario de la soberanía divina. Debido a que Dios es soberano, el hombre es responsable ante Él. Por consiguiente, precisamente a causa de su profundo énfasis en la soberanía divina, la fe reformada subraya también enérgicamente la responsabilidad humana. Pero el arminianismo hace violencia a ambas cosas. No solamente mengua el carácter absoluto de la soberanía de Dios, sino que además adapta las exigencias de la ley de Dios al debilitado poder del hombre. Ahora bien, todo error doctrinal y por tanto también el arminianismo, es pecado. Y hacer que el pecado parezca respetable encubriéndolo bajo la capa de la multiformidad es en sí pecado.”
R. B. Kuiper, The Glorious Body of Christ, P. 43-44.
