
Quizá se necesiten cientos de generaciones para lograr algo parecido a la salvación, en cuánto a la revelación del carácter moral que Dios exige, pero aún así no estaríamos ni cerca de alcanzar la obra salvífica efectuada por Cristo en la cruz, de una vez y para siempre, en favor de muchos escogidos.
Todo lo que el hombre hace es perfectible, pero todo lo que Dios ha hecho es perfecto. Los “cristianos” creacionistas evolucionistas, le roban la Gloria a Dios ya que de cierta forma postulan: “Sí, Dios ha hecho todo lo que vemos, lo ha formado Él, pero no en seis días, sino en millones de años” ¿Que afirman ellos implícitamente? Que Dios, al igual que el hombre, necesita de muchos procesos y de mucho tiempo para llegar a crear algo perfecto. Dios no pudo crear al hombre del polvo de la tierra, sino que tuvo que existir un proceso en el que éste hombre se perfeccionara para llegar a ser la máquina perfecta que conocemos hoy en día. En el fondo, su razonamiento es que Dios, al igual que le hombre, debe perfeccionar su propia obra. Rebajan a Dios a la altura de sus seres creados y le restan importancia a uno de sus atributos, ser perfecto.
A la creación de Dios no se le puede agregar ni quitar nada. Una hoja de árbol es imposible perfeccionarla. Existen algunos médicos que sostienen que el apéndice de un ser humano no sirve para nada. Pero si yo creo que Dios es perfecto y que nada en la creación está al azar, entonces algo anda mal con los estudiosos de la medicina.
Paso a defender ahora, luego de este preámbulo, la obra de salvación. La Biblia dice que Cristo clamó en la cruz: “Consumado es”, es decir, ya todo está terminado, no hay nada más que hacer. Ningún esfuerzo extra le añadiría algo a la obra de la cruz. Cristo expió nuestros pecados en la cruz, y ahora la salvación era posible para nosotros porque tenemos un sumo sacerdote en los cielos intercediendo por nosotros. A este sumo sacerdote, Dios lo ha hecho Rey sobre todo, TODO. Todo quiere decir todo. Es Rey sobre los reyes de la tierra y sobre los más desposeídos. Es Rey sobre la creación y sobre los esfuerzos humanos. Es Rey sobre los cristianos y los no cristianos. Es Rey de reyes y Señor de señores, y su reino no tiene fin, es eterno. No sólo es Rey, además es Señor. Amo del universo.
La Salvación es de Jehová. No del hombre. Ningún esfuerzo humano de buenas obras, tales como ir en ayuda a los pobres de África o salvar a los animales en extinción, podrá sustituir o agregar algo a la salvación ofrecida por el mismo Dios. Dios ideó la salvación y Dios la aplicará al ser humano. El hombre que sea escogido por Dios según Su soberana y perfecta voluntad, recibira todos los favores de ser una nueva creatura. No pensará igual que antes y no tendrá los mismos deseos que tenía antes de ser rescatado por Cristo. Todo su ser habrá sido transformado para glorificar a Dios, amarle y desearlo más que cualquier otra cosa en el mundo. A este nuevo ser, nada lo llenará más de gozo que el hacer la voluntad de Dios y entender y aplicar Su Ley.
Pensemos por un instante lo siguiente: Si el hombre ha demostrado por muchos siglos que nada de lo que él hace es perfecto, que toda la obra humana siempre es sometida a ser perfeccionada por las generaciones sucesivas, entonces ¿Podría Dios habernos confiado el 1% del proceso de conversión y regeneración, aplicado mediante una decisión de acercarse a Cristo? No, ya que tan sólo nos bastaria ese 1% para echarlo todo a perder, incluso nuestra salvación. No es de extrañar entonces que algunos cristianos (quiero pensar que sólo por su inmadurez e ignorancia acerca de las enseñanzas bíblicas) todavía piensen que la salvación se pierde. En lo que aciertan estos arminianistas, es en el hecho de que si de ellos dependió su decisión de acercarse a Cristo, entonces son lo suficientemente honestos como para pensar y enseñar que la salvación es frágil, porque ellos han participado en forma activa en el proceso de acercarse a Cristo.
¿Después de cuántos pecados cometidos por un “cristiano”, éste pierde su salvación? Bastó sólo un acto de desobediencia para someter a toda una raza de hombres y aún más, todo un planeta, a la corrupción, la esclavitud, el castigo y la muerte. Nuestros pecados y nuestras rebeliones a lo largo de los siglos bastarían para someter todo el universo y más allá, a la más terrible condenación. Pero la Biblia expresa lo siguiente: Si el Señor no nos hubiera dejado un remanente, vendríamos a ser como Sodoma. Dios ha proporcionado y sostenido a un remanente de personas comunes y corrientes, ta pecadoras como el resto, pero que han gozado de la misericordia de Dios a través de los siglos.
El mayor argumento para demostrar que no podríamos acercarnos a Cristo por nuestra propia cuenta o decisión, es el afán que tuvieron los fariseos y el pueblo de Israel de matar al mismo Dios que decían adorar. El problema es que afirmaban adorarlo, pero lo que realmente amaban era al dios de sus propios deseos, fabricado a partir de la Ley pero rebajado según su engañoso corazón. Se creían hijos de Abraham, pero Juan el Bautista les dijo que Dios puede hacer que debajo de la piedras encuentren hijos de Abraham (Lucas 3:8). Ser hijos de Abraham no era un privilegio étnico o genético (lo mismo se aplica para los hijos de cristianos hoy), sino era un completo acto soberano de Dios el otorgar la fe en los seres humanos.
Si a la mayoría de nosotros se nos preguntara qué hubiesemos hecho en el caso de los fariseos, responderíamos que no lo hubiéramos crucificado. Lo mismo decían aquellos fariseos de sus antepasados que mataron y apredrearon a los profetas, sin embargo ellos mataron al unigénito Hjo de Dios, a Dios encarnado. El odio y la envidia que le tuvieron a Jesús, revela el odio que cualquiera de nosotros le tiene a Dios.
La Biblia expresa:
“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira. Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación” Romanos 5:8-11
Ya que Dios es perfecto, es capaz tambien de reconciliar al enemigo, atrayéndolo desde las tinieblas hacia la luz, no tomando en cuenta sus pecados, más bien ofreciéndoles un camino y una salvación eficaz, de principio a fin ¡Que mensaje mas esperanzador!
“Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen;para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto” (Mateo 5:43-48)
La perfección de Dios encierra más de un significado. La perfección se demuestra en lo creado; nada de lo que ha sido creado por Dios, puede de forma alguna, ser perfeccionada por el hombre. Pero además la perfección Divina es manifestada por el amor que Dios ha mostrado a un Pueblo rebelde y enemigo. Para estar seguros de nuestra profesión de fe, debemos examinarnos en este sentido ¿Amo a mis enemigos? ¿Oro por ellos? ¿Les hago el bien o cobro venganza? Si hacemos estas cosas con un corazón que busque glorificar a Dios, podemos estar seguros que realmente somo hijos de nuestro Padre que está en los cielos.
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