Cuando por primera vez tuve contacto con la iglesia evangélica, escuchaba el mensaje del evangelio con agrado. Tras una serie de estudios bíblicos creí que la Biblia contenía la Palabra de Dios gracias al primer versículo que Dios me revelaba.
Antes de eso, abracé la creencia gnóstica y sus postulados por muchos años. Uno de ellos dice relación con la reencarnación, esto es, la vida en la tierra con otro cuerpo, otra cultura, otra raza o incluso un ser viviente distinto al ser humano – como por ejemplo un caballo o un insecto – después de la muerte. Las estrellas o los dioses (no lo se) definirían mi nueva condición.
Al final de la serie de estudios, pregunté a las hermanas que enseñaban la Biblia acerca de la reencarnación y su veracidad a la luz de la Palabra de Dios. Ellas, muy acertadamente abrieron sus Biblias en el libro de Hebreos, capítulo 9 versículo 27 e hicieron que lo leyera. Leí así: “Y así como está establecido que los hombres mueran una sola vez, y después de esto, el juicio”.
Este versículo entró en forma profunda en mi corazón y me llevó a creer en el Dios de la Biblia y su Palabra contenida en ella. Pero ahí no terminaba todo; por más de 7 años creí que había sido yo, por mi propia voluntad, nivel moral e inteligencia, la que había “decidido” creer en Cristo y en su obra redentora. Dios tenía algo muy importante que enseñarme aún, para comprender el verdadero alcance de su amor al entregar a su Hijo Unigénito para morir por nosotros.
El verdadero alcance de su plan redentor hacia Su Pueblo, Su Iglesia; consistía en que Él se acercaba a nosotros y nos permitía conocerlo como nadie quizás en toda la historia de la humanidad lo había podido conocer. Por eso Jesús decía de Juan El Bautista: “En verdad os digo que entre los nacidos de mujer no se ha levantado nadie mayor que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el reino de los cielos es mayor que él” (Mateo 11:11).
Toda la jactancia queda excluida al entender este principio: “La Salvación es obra de Dios de principio a fin”, como dice su Palabra: “La salvación es de Jehová” (Jonás 2:9).
Ahora podemos preguntarnos: ¿De qué nos salva Dios por medio de la fe en Jesucristo? La respuesta pudiera ser aterradora para los que están lejos de él, pero para nosotros es una muestra de su gran amor: “… la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad” (Romanos 1:18). Nosotros, siendo viles y perversos, no merecíamos más que permanecer bajo la ira de Dios, pero Él se encarnó por medio de Su Hijo, Jesús el Mesías, para pagar el precio de nuestra rebelión y a través de su sacrificio poder participar de la bondad y misericordia de Dios.
Juan 3:18-19 “El que en él (Jesús) cree, no es condenado; mas el que no cree, ya es condenado, porque no creyó en el nombre del unigénito Hijo de Dios. Y esta es la condenación: porque la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz; porque sus obras eran malas”.
Juan 3:36 “El que cree en el Hijo, tiene vida eterna; mas el que es incrédulo al Hijo, no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él”.
Juan 17:3 “Esta es la vida eterna, que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a quien tú has enviado, Jesucristo”.
Hay muchos dioses hoy en día, pero hazte la siguiente pregunta, ¿Cuál de todos los dioses creó el universo y todo lo que él contiene? ¿Cuál es el Único Dios Verdadero?




me encanta todo esto de la biblia es algo que me llena el corazon, siempre quiero leer mas sobre alla es la paz y creo que puedo ser luz y sal en este mundo