Archivos para Mayo 2009

El avivamiento y la persecución de la Iglesia

NOTA IMPORTANTE: Publicamos este video subtitulado, no para causar alarma ni causar temor en nuestros hermanos, si no para que reflexionemos y oremos por nuestros hermanos en Cristo en todo el mundo. Las opiniones vertidas en este video, por parte del hermano Paul Washer, no corresponden a ninguna “visión profética” de interpretación privada para alarmar al pueblo de Dios, sino mas bien, los auditores de esta sesión deben meditar en sus palabras con el fin de ver aumentada su fe y confianza en El que puede hacer las cosas mucho mas abundantemente de lo que pedimos o entendemos. Paul Washer hace mencion de esto derivado de la situación política en la que se encuentra de momento Estados Unidos.

“No pasará esta generación”

“Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo;  y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra,  y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo,  con poder y gran gloria. Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta,  y juntarán a sus escogidos,  de los cuatro vientos,  desde un extremo del cielo hasta el otro.  De la higuera aprended la parábola:  Cuando ya su rama está tierna,  y brotan las hojas,  sabéis que el verano está cerca.  Así también vosotros,  cuando veáis todas estas cosas,  conoced que está cerca,  a las puertas.  De cierto os digo,  que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca. El cielo y la tierra pasarán,  pero mis palabras no pasarán” Mateo 24:30-35

Los preteristas afirman que en estos momentos, es decir, en nuestros tiempos, estamos viviendo de lleno el Reino Milenial de Dios y que no tenemos que preocuparnos por nada, porque Cristo ya vino por segunda vez en el año 70DC, cuando Jerusalen fue sitiada y destruida por el ejército Romano.

Su postura – dicen ellos – está avalada por las palabras de Jesús: “No pasará esta generación hasta que todo esto acontezca”. Interpretan la palabra generación como la cantidad de tiempo que vive aproximadamente una persona, alrededor de 70 años.

Para ellos, Cristo estaba describiendo todos los sucesos que ocurrirían al final de los tiempos, y el fin llegaba antes de que esa generación de personas muriera. Argumentan además que Pablo, el apóstol, sabía de esto, ya que esperaba la transformación de su cuerpo antes de morir al enseñar este misterio:

Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor:  que nosotros que vivimos,  que habremos quedado hasta la venida del Señor,  no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando,  con voz de arcángel,  y con trompeta de Dios,  descenderá del cielo;  y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos,  los que hayamos quedado,  seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire,  y así estaremos siempre con el Señor. 1 Tesalonicenses 4:15-17

Ya que Pablo habla en tiempo presente, este argumento pareciera ser válido para respaldar la tesis de los preteristas: Pablo vería al Señor y su cuerpo sería transformado antes que muriera. Pero todos sabemos que no fue así, Pablo y los demás apósotoles sufrieron la muerte de forma solitaria y en algunos casos, trágica.

Ahora, digamos lo que sí estaba enseñando Jesús:

- Sí enseñaba acerca de los eventos futuros

- Sí enseñaba que aunque la tierra sufriera cambios, Su Palabra no pasará, Su Palabra es eterna.

Pero, el gran problema es que Jesús no se refería al tipo de generación que los preteristas defienden. Veamos en el Antiguo testamento, que aunque escrito en hebreo, también tiene algo que decirnos acerca del tipo de generación de la que Dios habla:

1. Salmos 14:5  Ellos temblaron de espanto; Porque Dios está con la generación de los justos. Aquí se refiere al tipo de personas que han existido, existen y existirán, cuyos pensamientos están sometidos a Cristo (pre-encarnado en el AT), hasta la plena consumación de la historia de la maldad en la tierra  (Generación según diccionario Strong’s H1755: propiamente una revolución de tiempo, linaje, morada, nación / Diccionario Vine, generación dependiendo del contexto, dor (H1755) puede referirse al pasado, al presente o al futuro.)

2. Salmos 24:6  Tal es la generación de los que le buscan, de los que buscan tu rostro,  oh Dios de Jacob.  Selah. Lo mismo que en el punto anterior, H1755 dor.

3. Isaías 53:8  Por cárcel y por juicio fue quitado;  y su generación,   ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes,  y por la rebelión de mi pueblo fue herido. El profeta Isaías adelantaba el padecimiento de Cristo a manos de su propio pueblo, ya que lo encarcelaron y lo juzgaron, fue herido por nuestros pecados y finalmente lo mataron. Nosotros ahora sabemos muy bien que el profeta estaba hablando de Cristo encarnado, en los días que vivió en la tierra y de su sacrificio vicario en favor de Su pueblo. Pero, ¿que dice?: “su generación, ¿quien la contará?” Por generación (H1755, dor) se refiere acá a la descendencia de Cristo, los engendrados del Espíritu Santo. Estos descendientes no sólo vivieron 70 años, sino que hasta el día de hoy se cuenta su generación.

Ahora echemos un vistazo al Nuevo Testamento. Como muchos saben, a diferencia del AT, éste fue escrito en el idioma griego, por lo tanto la palabra generación aquí es genea (γενεά G1074) relacionada con ginomai, que significa: venir a ser, significa primariamente engendramiento, nacimiento; después aquello que ha sido engendrado, una familia; o miembros sucesivos de una genealogía.

1. Mateo 24:34 De cierto os digo,  que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca. El griego para generación acá es el G1074, relacionado con ginomai, es decir: descendencia o  miembros sucesivos de una genealogía. (Comparar con la profecía de Isaías 53:8)

2. Efesios 3:5  …misterio que en otras generaciones (G1074) no se dio a conocer a los hijos de los hombres,  como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu. La versión King James traduce el G1074 al inglés como “edad” (o age), ya que se refiere a una generación de personas que conforman una nación.

En general podemos decir que la palabra dor (H1755) en hebreo y geneá (G1074) en griego, tienen diferentes interpretaciones según el contexto en que estén insertas, es por eso que el estudiante de la Biblia debe ser precavido y cuidadoso a la hora de interpretar un pasaje para no caer en malas exégesis. Si el contexto tiene tintes escatológicos o se refieren al final de los tiempos, se deberá entender la palabra geneá en su contexto, es decir, miembros sucesivos de una genealogía. Si el contexto se refiere a eventos del pasado, la palabra dor se refiere a generaciones sucesivas de los patriarcas o ascendientes.

Que la gracia de Dios nos ilumine para que podamos conocer y entender la Palabra de Dios, que es nuestra verdadera comida.

Joel Osteen (y todos los falsos profetas) son el juicio de Dios sobre las personas que los siguen

Sin comentarios…

Información del video:

Dones del Espíritu Santo: PROFETAS

transfiguracion En el evento de la transfiguración, Moisés y Elías se reunen con Jesús. A Pedro ya se le estaban ocurriendo unas ideas bien buenas, había comenzado a detallar todo lo que podían hacer para celebrar ese momento. Pero de repente se oye una voz del cielo; era el mismísmo Dios diciendo: “Este es mi Hijo amado; a él oid” (Marcos 9:7)

Ciertamente Moisés  y Elías eran los antiguos israelitas mas venerados por el pueblo Judío.  Moisés era el representante de Ley de Dios, y el legislador de los fariseos. Elías representaba la voz profética que no vio la muerte, sino que fue arrebatado al cielo en carros de fuego. Elías fue el profeta que se enfrentó a Jezabel, arriesgando su vida, sin embargo nadie pudo quitársela.

Estas dos funciones – Legislador y Profeta – estaban a punto de sufrir un drástico cambio con la obra terminada de Jesucristo.

Como ya lo hemos visto en otras entradas, la cruz de Cristo vino a traernos la JUSTIFICACIÓN, nuestros pecados son perdonados y nuestro libre acceso al Padre es ahora una realidad. Moisés y la ley de Dios que vino del Sinaí, sirvieron por cientos de años como un ayo, un guía para mostrarnos el camino a la cruz. Ya dijimos que la ley no fue abolida pero si el oficio de legislador, porque ahora nuestro juez es Cristo, y el veredicto está supeditado a la Gracia.

Lo mismo ocurre con el oficio de Profeta, Elías – el precursor de los demas profetas – ha traspasado sus funciones a Jesús, la única voz profética de la Iglesia.

Dios es enfático en dar las instrucciones, nada de buenas ideas ni buenas intenciones, una cosa sólo deben hacer: OIR A JESUS. ¿Existe algún pasaje mas claro en la Biblia que éste? No lo creo. La instrucción es enfática y clara. No hay lugar para segundas interpretaciones.

Dios,  habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetasen estos postreros días nos ha hablado por el Hijo,  a quien constituyó heredero de todo,  y por quien asimismo hizo el universo; el cual,  siendo el resplandor de su gloria,  y la imagen misma de su sustancia,  y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder,  habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo,  se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, hecho tanto superior a los ángeles,  cuanto heredó más excelente nombre que ellos.  (Hebreos 1:1-4)

¿Qué podemos concluir? Una vez que Cristo satisifizo la Justicia de Dios, por medio de la expiación de nuestros pecados, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas. Y sólo él tiene el derecho de gobernar mediante su Palabra a toda la humanidad. Sólo Cristo es la única voz profética admitida por el Padre para guiar nuestros pasos.

Tenemos la palabra profética mas segura según lo expresado por el mismo apóstol Pedro:

Pues cuando él recibió de Dios Padre honra y gloria,  le fue enviada desde la magnífica gloria una voz que decía:  Este es mi Hijo amado,  en el cual tengo complacencia. Y nosotros oímos esta voz enviada del cielo,  cuando estábamos con él en el monte santo. Tenemos también la palabra profética más segura,  a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro,  hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones; entendiendo primero esto,  que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana,  sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo (1 Pedro 1:17-21)

La Palabra profética mas segura es la que viene de nuestro Señor Jesucristo, y está plasmada en las Santas Escrituras. Ningún otra “nueva revelación” es confiable para guiar nuestras vidas, sino solo las instrucciones dejadas por nuestro Señor en los escritos santos.

Puedo concluir, sin temor a equivocarme, que el profeta de hoy, es el exégeta, la persona que es capaz de extraer las verdades bíblicas haciendo una correcta exégesis o interpretacion de los pasajes, explicando la Biblia con la misma Biblia, porque ella es inerrante, infalible y suficiente para conocer a Dios y Su Voluntad.

Sola Scriptura.

La Cruz y el Velo del Templo

SERASGAELVELO Nadie se puede llamar a si mismo cristiano, si no ha estudiado en el Antiguo Testamento el tabernáculo donde moraba Dios en el pasado, cuando se reveló veladamente a Su Pueblo, los Judíos.

El diseño tan específico del tabernáculo, nos puede ir enseñando acerca del propósito que tenía Dios con Su Pueblo.

No voy a hacer en esta entrada un estudio profundo de este tabernáculo, porque eso es tarea de cada uno de ustedes, dentro de sus obligaciones semanales como siervos del Reino.

Lo que hoy me insta a escribir es la relación del velo del tabernáculo – o del Templo en los días que Jesús vivió en la tierra – con la cruz del calvario.

Quiero citar a Tozer aquí  ya que considero que sus palabras en relación al velo pueden ayudarnos a comprender la magnitud de nuestra maldad.

La omnipresencia de Dios es una cosa, y es un hecho solemne, necesario para su perfección. Pero la manifestación de su presencia es otra cosa muy distinta. Y hemos huido de la presencia de Dios, como huyó Adán cuando se ocultó entre los árboles del huerto, o hemos exclamado como Pedro, “¡Apártate de mí, Señor, que soy hombre pecador!”

La obra completa de Dios en la redención tiene por objeto desbaratar los efectos de aquella vil sublevación, y ponernos otra vez en correcta y eterna relación con él. Para eso es necesario que nos despojemos de nuestros pecados, que se efectúe la entera reconciliación con Dios y vivamos de nuevo en su presencia como antes. La gracia proveniente de Dios es la que nos induce a buscarle y volver a su presencia.

No he encontrado palabras mas sencillas para explicar el fenómeno de nuestra rebelión y de nuestro gran problema existencial. El quid de toda la existencia humana – ya lo decía Salomón – es ésta: “Teme al Señor y guarda sus mandamientos”, pero ¿cómo podemos hacerlo? La respuesta es intelectualmente simple de entender, pero demasiado compleja para ponerla en práctica. Tan compleja que se necesita que el Todopoderoso creador de los cielos y la tierra, venga en nuestro auxilio.

La respuesta la encontramos en la cruz del calvario, en el drama cósmico de Dios muriendo como el mas vil, menospreciado y maldito de todos los hombres. Cuando Cristo derrama toda su Sangre para nuestra Justificación delante del Padre, y por consiguiente muere,  sucede algo extraño en el templo que estaba en Jerusalén; el velo que separaba el lugar santo del santísimo se rasga de arriba a abajo y se parte en dos.

Aun cuando un creyente se goce estando en el culto, eso no quiere decir que ha entrado a la presencia de Dios. Hay otro velo que separa el lugar santo del santísimo. Lo más importante del Tabernáculo era que la presencia de Jehová estaba allí. Allí, detrás del pesado velo, estaba Dios. Del mismo modo la presencia de Cristo en el alma del creyente es el hecho más importante del cristianismo.

La clase de cristianismo actualmente de moda parece tener una noción solamente teórica de la presencia de Dios. Los que lo enseñan no parecen entender el privilegio que tiene el
cristiano de saber que cuenta con la presencia de Dios. Se dice que estamos en la divina presencia posicionalmente, pero nada se menciona de la necesidad de estar en esa presencia experimentalmente. El fervor ardiente que inflamó a tantos hombres de Dios en el pasado parece haber desaparecido completamente. La actual generación de cristianos se mide a sí misma por esta medida imperfecta. Un contentamiento innoble ha reemplazado al celo ardiente. Nos declaramos satisfechos con nuestras posiciones legales y poco nos importa la presencia o no presencia de Dios en nuestra vida.

Tozer está hablando de esa postura intelectual, de llamarse cristianos nominalmente y no experiencialmente, de esos cristianos que no tienen deseo por Dios y que su corazón no se inflama al saber que puede estar en su presencia. Algunas personas van a un culto dominical y alegan que no les gustó la alabanza. ¡¿Qué?! ¿acaso estamos pagando entrada como a un concierto para salir satisfechos y contentos por cómo nos sentimos nosotros con las canciones allí entonadas? Dónde quedan esas lecturas del Apcalipsis donde podemos encontrar a los 24 ancianos adorando al Rey Supremo con todo lo que poseen, y postrados con todo su ser gozándose en glorioficar al que es digno de toda alabanza.

Pero el más alto grado del amor de Dios no es intelectual, sino espiritual. Dios es espíritu, y únicamente el espíritu del hombre puede llegar a conocerlo en realidad. El fuego divino debe arder en las profundidades del espíritu del hombre. Al no ser así, el amor del hombre no puede ser verdadero amor de Dios. Los grandes en el Reino de Dios son aquellos que lo han amado a El en el espíritu más que otros.

Los corazones capaces de quebrantarse hasta lo sumo, movidos por el amor al Dios trino y único, son aquellos que han estado en presencia de la Deidad, y la han contemplado con ojos despejados. Los hombres de corazón quebrantado son incomprensibles para la gente común. Ellos hablan habitualmente con autoridad espiritual. Han estado en la presencia de Dios, y hablan de lo que han visto allí. Son profetas, no escribas. El escriba habla de lo que ha leído; el profeta relata lo que ha visto. Esta distinción no es imaginaria. Entre el escriba que ha leído y el profeta que ha visto hay una separación abismal. Hoy en día tenemos infinidad de escribas, pero muy pocos profetas.

Y sucede que cuando un cristiano ha estado en la presencia de Dios, y habla con autoridad, se gana el desprecio y el aborrecimiento de todos los demás que no lo comprenden por hablar con un denuedo similar al de los orgullosos cuando se jactan de sus propias justicias. Pero cuando alguien habla por su propia cuenta, a ese lo escuchan. Cuando un profeta habla de lo que ha visto y oído, a ese lo desprecian y lo insultan ¡Podíamos pedir algo menos! No, porque ya lo había dicho nuestro Señor: “Si al padre de familia  llamaron Belzebú, ¿Cuánto más a los de su casa?”

Le oímos decir al novio, “Déjame ver tu rostro, déjame oír tu voz, porque dulce es la voz tuya, y hermoso tu aspecto” (Cantares 2:14).Nos damos cuenta que estas palabras se dirigen a nosotros, sin embargo, tardamos en responder a ellas. ¿Qué es lo que nos impide entrar? ¿Qué es ese algo? No es otra cosa que el velo de separación que conservamos en el corazón. Este velo impide que veamos el rostro de Dios. Y no es otro que el velo de nuestra naturaleza humana caída, que aún no ha sido juzgada, crucificada y repudiada dentro de nosotros. Es el velo, de la supervivencia de nuestro “yo,” que nunca hemos querido doblegar, y que no hemos sometido a la crucifixión. Este velo sombrío nada tiene de misterioso, ni es difícil identificarlo. Basta que echemos una mirada a nuestro corazón para que
lo veamos, recosido y remendado y reinstalado, verdadero enemigo de nuestra vida y real impedimento de nuestro progreso espiritual.me atrevo a mencionar los hilos con los cuales se ha tejido ese velo interior. Está entretejido con los delicados hilos del egoísmo, cruzados con los pecados del
espíritu humano. Esto no es algo que nosotros hacemos, sino algo que nosotros somos, y en esto reside su sutileza y poder.
Para ser específicos, estos pecados del ser interior son la justificación propia, la propia conmiseración, la autosuficiencia, la admiración de sí mismo y el amor propio. Y otra cantidad de pecados semejantes. Ellos están tan profundamente metidos en nuestra naturaleza, y son tan
semejantes a nuestro modo de ser que es muy difícil verlos, hasta que la luz de Dios se enfoca sobre ellos. Las manifestaciones más groseras de estos pecados, egoísmo, exhibicionismo, autoalabanza, que exhiben aun grandes líderes cristianos, son toleradas en los círculos más
ortodoxos, aunque parezca extraño que lo digamos. Muchas personas llegan hasta identificarlos con el evangelio. No es cinismo decir que dichas cualidades han llegado a ser requisito
imprescindible para lograr popularidad y prestigio. La exaltación del individuo, más que la de Cristo, es tan común que a nadie le llama ya la atención.
Podría suponerse que la correcta enseñanza de la depravación humana y la justificación en Cristo, nos librarían de estos feos pecados, pero no es así. El pecado del yoísmo es tan
presuntuoso que puede medrar al lado mismo del altar. Puede ver morir a la sangrante Víctima, sin inmutarse en lo más mínimo. Puede defender con calor las doctrinas fundamentales y predicar con elocuencia la salvación por gracia, y sentirse halagado por estos esfuerzos. Hasta el mismo deseo de buscar a Dios parece servir para que el yoísmo se afirme y crezca.
El “yo” es el velo opaco que nos oculta el rostro de Dios. Lo único que puede quitarlo es la experiencia espiritual, nunca la instrucción religiosa. Tratar de hacerlo así es como querer
curar el cáncer con tratados de medicina. Antes que seamos librados de ese velo, Dios tiene que hacer una obra destructiva en nosotros. Tenemos que invitar a la cruz que haga su obra dentro de nosotros. Debemos poner nuestros pecados del “yo” personal delante de la cruz para que sean juzgados. Debemos estar dispuestos a sufrir cierta clase de sufrimientos, tales como los que sufrió Jesús cuando estuvo delante de Pilato.

Me gustaria citar todo el capítulo que Tozer dedica a meditar acerca del velo, pero es imposible hacerlo por este medio. Lo único que puedo hacer es instarlos a leer esta maravillosa literatura para que se gocen en estas verdades eternas.

Por último una recomendación muy valiosa: “Tengamos cuidado de no tratar chapuceramente con nuestra vida interior con la esperanza
de rasgar nosotros mismos el velo. Dios tiene que hacer eso. La parte nuestra debe ser entregarnos y confiar. Debemos confesar, desechar, resistir nuestros antojos y egoísmos, y darnos por co-crucificados con Cristo. Pero esta co-crucifixión no debe ser una laxa “aceptación”
de Cristo, sino una verdadera obra hecha por Dios. No podemos conformarnos solamente con creer en una bonita y agradable doctrina de la crucifixión del yo. Si esto hiciéramos, estaríamos imitando a Saúl, que sacrificó algunas cosas, pero reservó para sí lo mejor del despojo”

Que Dios nos ayude y nos socorra cuando nuestra alma pide a gritos su miericordia.

“Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera. Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero. Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero”

Juan 6:37-40

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