Cuando tuve acceso a la enseñanza bíblica, me mostraron un cuadro similar a este de la fotografía.
Se llamaba “El Plan de Salvación”. Básicamente nos enseñaba que estábamos separados de Dios y que la obra expiatoria de Cristo, es decir, su muerte en la cruz, volvía a unirnos a Dios.
Realmente el evangelio era muy simple de entender bajo esos parámetros. Era simple de entender y de creer porque:
Primero: Es obvio que estamos separados de Dios, o sea, no hay que tener mucho conocimiento bíblico para saber que Dios está en algún lugar inalcanzable y nosotros sufriendo acá en la tierra. Que yo sepa, ninguno de los mortales posmodernos escucha la voz de Dios como la escuchó Adán cuando hubo pecado. Por lo tanto, Dios no está a la mano para escuchar nuestras dudas, temores, alegatos o cualquier demanda que tengamos. Pero por allí está uno que otro santo católico para mediar por nosotros.
Segundo: El trono de Dios es gráficamente pequeño y cercano, sólo un paso por encima de la cruz de Cristo y ya está, tenemos ahora “comunión con Dios”. Es simple llegar a Dios a través de Jesucristo porque habiendo cruzado el abismo que nos separaba, ahora hasta nos imaginamos sentados en Su Trono. A pesar que tiene una leyenda que dice “Dios santo”, en realidad no le tomamos mucho el peso a esa santidad, ya lo dije, por el tamaño del dibujo.
Tercero: El hombre pecador, cabizbajo y triste. Uno se imagina una vida derrotada y quiere llegar a Dios para estar ¡feliz!. Pero digamos las cosas como son, cuando uno anda por allí pecando, no lo hacemos en forma derrotada o cabizbaja.
Cuarto: Al ver ese esquema, uno nada de tonto ni perezoso se autoconvence que necesita estar cerca de Dios, por lo tanto “acepta a Cristo como su Salvador Personal”, como se acepta a un “Entrenador Personal” (al segundo hay que pagarle, al primero no).
Y comienza la vida cristiana, vamos a la iglesia que mas nos acomode, a la que sentimos como si estuvieramos en casa ¿no?. Con los hermanos agradables y sonrientes que te reciben en la puerta domingo tras domingo. ¡Que vida mas hermosa! Tengo a Cristo en mi corazón y ya nada me falta.
Pero, comienzan los problemas y no reacciono como la Biblia dice que debería reaccionar. Le pregunto a un pastor y me dice: “¿sabes? todos somos pecadores, es nuestra naturaleza. No somos perfectos. No te preocupes, Dios te ha salvado por medio de Jesucristo y no tienes nada que temer. Lee romanos 8:35″
Volvemos a la casa tranquilos, con una carga menos. ¡Volvemos a ser felices!
Así, poco a poco se nos endurece la conciencia y ya la lectura bíblica no tiene sentido, empezamos a creer que esos principios son pasados de moda. No podríamos jamas llevar una vida como la descrita en esos añejos evangelios. Y qué decir de los profetas del Antiguo Testamento… uuffff!!! Eso sí que es para los teólogos, no para un simple “creyente”.
Yo te voy a decir lo que sucede con ese Plan de Salvación, sucede que NO TE HA SALVADO DE NADA. Has vivido una farsa y el problema está en que nunca te has ARREPENTIDO de la vida que llevabas, nunca te dijeron que DIOS ABORRECE A LOS QUE HACEN INIQUIDAD, y que no tan sólo la separación era del tamaño de una cruz, sino que la separación es tan profunda que sólo DIOS TUVO QUE VENIR EN FORMA DE HOMBRE A RESCATARTE.
Si algo has estudiado tu Biblia, debes acordarte del pasaje del Getsemaní. Noooo, no es una clase de lenguas angelicales o algún idioma en desuso. Es el evento que te va a mostrar cuan separados estamos de Dios.
Jesús estuvo tan angustiado por el sacrificio que iba a realizar que la Palabra de Dios dice en el evangelio de Lucas 22:39-44
22:39 Y saliendo, se fue, como solía, al monte de los Olivos; y sus discípulos también le siguieron.
22:40 Cuando llegó a aquel lugar, les dijo: Orad que no entréis en tentación.
22:41 Y él se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró,
22:42 diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.
22:43 Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle.
22:44 Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra.
Tal agonía no era a causa de los fariseos ni de la traición de Judas, ni de los azotes, ni de la corona de espinas, ni de las burlas de Herodes, ni siquiera de la confusión de Pilato (que un poco menos confuso podría haberle salvado la vida).
Tal agonía tenía su razón de ser: en la cruz iba a estar separado de Su Padre. Iba a estar bajo la ira de Dios por menos de 24 horas. Es más, al Padre le agradó quebrantarlo para salvar a Su pueblo (si creen que hasta este punto he sido una hereje, lean en sus Biblias al profeta Isaías).
Isaías 53:10 Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada.
Nunca, desde la eternidad, había estado separado de Dios el Padre, sino siempre estaban en íntima comunión. El haber estado separado de Él le causó ese inmenso dolor, esa inmensa angustia en el monte de los Olivos.
Y nosotros, no estamos separados de Dios proporcionalmente a la distancia del gráfico en cuestión (famoso Plan de Salvación). Si tuvieramos la perfecta conciencia de entender cuán separados estamos de Dios, viviriamos cada uno de nuestros días, desde nuestro nacimiento, en continua agonía. Pero no tenemos esa conciencia (menos mal) por lo profundamente perversos y viles que somos, tan perversos que nos hemos sobrevalorado a la altura de un dios y a Dios lo hemos empequeñecido a la altura de un trono que mas parece una silla de párvulos.




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